miércoles, 26 de agosto de 2015

Análisis de 'Disturbing Behavior': 'El hombre mecánico'


Mientras Steve es conducido por el largo pasillo que conduce a las instalaciones del laboratorio secreto de Caldicott, Gavin le dirá convencido: "Sé la pelota"; es decir, lo intentará disuadir para renunciar a su individualidad, para, en lugar, de reivindicar su protagonismo, se conforme con un papel relegado a la servidumbre de un propósito más grande.
    La frase, disimuladamente violenta, es homologable a un coloquialismo bastardo como: ¡déjate patear!; a todas luces un axioma imperativo que se autoimpone y descuida la pregunta que debería ser fundamental: ¿quién es el que patea la pelota?
    Sabemos, desde el inicio, que el titiritero es Caldicott, pero nunca adivinamos que su poder de persuasión llegue a límites extremos, por lo que, al menos, cabe preguntarnos: ¿por qué nadie del mundo adulto se opone a él?
    En el proyecto de surcar el campo minado de la juventud, Caldicott está dispuesto a sacrificar el espíritu humano, y junto con él, al cuerpo que lo sostiene. La apuntación de la voluntad humana, para Caldicott, no sólo es un precio aceptable para encauzar a la juventud descarriada, sino accesorio, superfluo e insignificante. No es de extrañar que, mientras realiza sus intervenciones quirúrgicas, el escenario nos recuerde las aparatosas instalaciones donde se intentará corregir a Alex Delarge, el protagonista de A Clockwork Orange; probablemente un homenaje a la adaptación fílmica de Stanley Kubrick sobre la novela homónima de Anthony Burgess.

Análisis de 'Disturbing Behavior': 'Fuera del tiempo'


La tradición de los listones azules es indudablemente anacrónica. Sin embargo, este detalle no logra transparentarse hasta la visita de Steve a la Boutique de Yogurt Helado de Roscoe. Ni bien Steve entra a este lugar nos percatamos que el mobiliario, la decoración e incluso las personas que forman parte de la clientela se encuentran ancladas en un tiempo pretérito, remedando un momento histórico superado.
    Los modismos, así como las formas afables y decorosas que se utilizan dentro, también forman parte de otro tiempo, y se asoman como una suerte de reminiscencias, una suerte de ensoñaciones melancólicas de otra época. Sin embargo, lejos de albergar un profundo sentimiento de nostalgia, la Boutique de Yogurt Helado de Roscoe se instalará como un punto estratégico para el discurso disuasivo de los listones azules, a saber, de que forman parte del orden y, por lo tanto, de un digno ejemplo a imitarse.
    Los cortes de pelo, prolijos, desactualizados, así como el vestuario pulcro, sobrio, forman parte de la consagración de un ritual iniciático que zanja claras diferencias, algo así como: nosotros estamos de un lado y ustedes están del otro lado; acaso, ¿en la oscuridad, el olvido o la ignorancia? Al respecto, tal vez no resulte fútil recordar que la conversión inesperada de Gavin se celebre en esta boutique, y que el nombre boutique denote exclusividad.

Análisis de 'Disturbing Behavior': 'Una lección para el almuerzo'


El recorte imaginativo que guía la presentación de la secundaria Cradle Bay durante el almuerzo es acompañado de una clara separación en castas, como si se remedara el eco de un pasado inmemorial y la frustrante realidad de no haber superado la subdivisión de clases.
    La importación de este concepto, asimismo, se utilizará para pensar otros aspectos de la realidad social de los alumnos de Cradle Bay, intentando localizar las marcas identitarias que definen a los grupos que se conforman. No es de extrañar que el horizonte de posibilidad de estos grupos, en consecuencia, responda a los mismos moldes sociales que intentan inútilmente recusar diferenciándose, ya que no puede haber una diferenciación real si no se es capaz de romper con la lógica que impone el medio social.
    En otras palabras, en este espacio microscópico veremos cómo los alumnos de Cradle Bay son copartícipes de la reproducción de las mismas estructuras de marginación que podemos observar en la sociedad. Esto quiere decir que, en lugar de reivindicar el derecho a romper con los moldes sociales para adquirir un estatuto de independencia, originalidad y, por ende, de libertad, estos alumnos se conformaran con insertarse en los moldes preestablecidos que le propone el medio social.
    En términos estructurales, la secundaria Cradle Bay, entonces, se encuentra subdividida en grupos heterogéneos que obedecen a sus propias reglas pero que reproducen, de manera contradictoria, los estereotipos sociales de los que buscan escapar. Sin embargo, en medio de esta confusión, habrá personajes que lograrán romper con estos moldes para adquirir una cierta independencia.
    El caso de Gavin y U. V., al respecto, es muy claro, ya que se trata de alumnos que verán con otros ojos la circunstancia particular que envuelve su medio, eludiendo de este modo las clasificaciones pero recayendo en el invariable mote de la improductividad. Pero, es justamente esta improductividad que demuestran lo que los hace realmente diferentes, ya que no pueden ser procesados ni deglutidos por su medio social, ya que no pueden ser modelados por las opciones que los rodean.
    Gavin y U. V. deambulan en una incesante errancia que no los conduce a ninguna parte, ni los deja en ningún puerto, pero que, no obstante, se convierte en una posibilidad. Me refiero a la posibilidad de explorar y de experimentar sin atarse a ningún medio, a la posibilidad de adentrarse en una aventura sin un destino y de convertirse, por lo tanto, en los artífices de su propia humanidad. Sin embargo, en este proyecto inacabado, tanto Gavin como U. V. serán incapaces de abandonar el lastre que caracteriza a los demás grupos: la marginación.
    En el discurso de Gavin, se reconoce la necesidad de establecer una diferenciación, la necesidad de separarse del resto de los alumnos de Cradle Bay. Esta individuación, por un lado lo deja solo, y lo hace relativamente excepcional, ya que él es capaz de ver lo que los otros no ven, pero, por otro lado, le quita la posibilidad de dialogar con el resto de los grupos. Es decir, Gavin no puede ponerse en contacto con su medio porque cada vez que dice algo automáticamente se coloca en una posición de superioridad, pues no sólo mira, sino que también juzga. En cambio, Steve, sí puede escuchar y, también, dialogar con su medio sin recurrir a lo que su medio impone todo el tiempo: categorizaciones para definir a las personas.
    Steve es el personaje que es capaz de deambular abiertamente por su medio y darle forma al proyecto que inician Gavin y U. V.: vivir sin ataduras. No hay nada en Steve que nos permita asociarlo a algo a alguien, porque Steve es básicamente Steve, ni más ni menos. No tiene slogans identitarios ni marcas de pertenencia, pero en esta indefinición es uno de los personajes más sólidos, ya que ve como su entono se desintegra. Ve cómo el camino que siguen Gavin y U. V. los conduce a las destrucción, cómo los chicos buenos de la escuela, en realidad, no son nada buenos, y cómo el mundo adulto permanece ajeno a cualquier responsabilidad que se le puede imputar al respecto. Sin embargo, en esta conciencia Steve no claudica, sino que continúa a pesar de todo.

Análisis de 'Disturbing Behavior': 'Una clase dentro de otra clase'


La clase de literatura permite entrever los entretelones de un mundo complejo, mucho más complejo que aquél que, en apariencia, sólo se sostiene a través de la disputa  por el reconocimiento. El alumno aplicado reivindica su lugar y su privilegio frente al alumno marginal, el alumno que no es partícipe del proceso de aprendizaje y que, por lo tanto, gravita alrededor de una órbita transversal al centro de la clase, como una suerte de satélite que ha extraviado las coordenadas de su planeta.
    Sin embargo, no es este alumno, despistado, irreverente, malhumorado, el que se posiciona en una situación de marginalidad, sino el efecto de un discurso normativo el que lo corre del centro al demarcar con claridad su lugar: un no lugar; ya que representa lo que no debe ser, lo que no puede homologarse y, mucho menos, imitarse. Durante la clase de literatura vemos cómo el profesor apela a una situación de enseñanza ideal, a través de la cual construye una peligrosa noción de normalidad, mientras deliberadamente selecciona a su público. Es otras palabras, el profesor no dialoga con sus alumnos, sino que interpela a un público selecto, recortando entre la masa heterogénea de asistentes, un símil de su modelo, el reflejo de su supuesto buen ejemplo.
    Para este profesor de literatura, las clases no pueden ser abiertas, sino excluyentes. No todos pueden oírlo ni todos están dispuestos a oírlo. Pero, en lugar de trabajar con esta situación áulica, para transformarla, la deforma hasta tergiversar el sentido original de la clase: la transmisión. Paradójicamente, durante esta clase, podemos apreciar cómo se analiza un libro de Charles Dickens donde, precisamente, se habla de las dificultades que se sortean para encontrar un lugar en el mundo, y cómo este proceso esta guiado enteramente por el descubrimiento.  
    La clase finaliza con una cita de Robert Luis Stevenson:

    La juventud es completamente experimental

    En otras palabras, la clase termina con un concepto que se opone al concepto que impone el profesor de literatura. El alumno, el adolescente, o como sea que fuere, siempre reivindica la libertad, ya que la libertad es connatural a sus interrogantes, y a su necesidad de descubrir, redescubrir o transformar el mundo. En contraposición al molde que busca implantar el profesor de literatura, la escena final de esta clase reivindica aquello que busca extirparse con el molde que impone la noción de normalidad.

La adaptación historietista de 'El Matadero'



Debemos a la pluma y al pincel de Enrique Breccia una de las adaptaciones más fidedignas, pero, también, más astutas de El Matadero. En la historieta homónima que homenajea al cuento de Esteban Echeverría, Breccia reproduce el diálogo invertebrado de la barbarie, escogiendo un lenguaje torpe y un estilo llano para las grafías de las palabras que articulan los federales. En cambio, y sentando una radical diferencia con los federales, el unitario aparecerá en escena luciendo un suntuoso y delicado lenguaje cargado de metáforas, que se traducirá en diálogos refinados que recuerdan el testimonio de una carta.
    El gesto de Breccia, no es nada inocente, debido a que intenta poner de relieve la radical alteridad del orden dentro del caos, del refinamiento dentro del embrutecimiento, de la prosapia ante los representantes de la plebe, del ilustrado mal traducido por el ignorante. La violencia, exceptuando el derrotero del andamiaje de los dibujos, es pura y exclusivamente verbal. Al menos así lo entendió Breccia, y de esa manera intento ponerlo de manifiesto.